Hasta la victoria siempre
Tras las elecciones, el mapa político del país quedó definitivamente rediseñado. Es difícil consagrar al ganador, pero resulta fácil ver en Kirchner al máximo perdedor –especialmente después de haber convertido a una elección legislativa en un plebiscito. El peronismo, más allá de sus variaciones e innovaciones, continúa siendo el partido dominante, por lo que sus prácticas habituales siguen intactas. Una de ellas es la que sufre Kirchner ahora: intolerancia hacia quien, valiéndose de la estructura del PJ, no pueda obtener la victoria. Considerando que tras la derrota de un candidato peronista emergen decenas de dirigentes ávidos de ocupar su lugar, el victorialismo es una de las banderas más tácitas del justicialismo. Sólo dirigentes como Duhalde (cuya construcción de poder ha sido meticulosa y extensa) han podido evitar darse por vencidos. Kirchner, al menos urgentemente, se ha visto obligado a dar un paso al costado.
Con Kirchner neutralizado, los empresarios de Narváez y Macri capturan los espacios que el oficialismo les deja en la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En Tucumán y Chubut, los kirchneristas Alperovich y Das Neves se imponen –respectivamente– con comodidad, y comienzan a calcular sus oportunidades futuras; en San Juan y Formosa, Gioja e Insfrán repiten el gesto de sus colegas, pero plantean una estrategia más acorde a sus posibilidades. En Chaco, pese a todo el conflicto por el nepotismo, Capitanich triunfa.
Por otro lado, el tercer puesto del candidato avalado por Menem en La Rioja y la prohibición de Patti en Buenos Aires ubican al ex-presidente afuera de toda disputa real de poder, pero no por ello convertido en un cadáver aún.
A su vez el Peronismo Federal de Puerta y Romero, nuevo avatar del menemismo, se posiciona segundo en Misiones y Salta, tercero en Tucumán, y cuarto en Jujuy, La Rioja y Santiago del Estero. En Neuquén no consigue ni un 4% de los votos finales. En Catamarca, oficialmente, recibe menos votos que el Partido Obrero, pero Saadi y Barrionuevo –dos proscriptos del kirchnerismo– suman su apoyo a la nueva y hasta ahora poco exitosa corriente.
Los Rodríguez Saa, por su parte, controlan San Luís sin dificultades. Auspician candidaturas en las vecinas Córdoba, Mendoza y La Pampa, y se animan a dar pelea en la provincia de Buenos Aires y en Capital Federal, pero su actuación en todos los distritos en los que son visitantes es intrascendente.
En Córdoba, el gobernador Schiaretti es incuestionablemente derrotado, y De la Sota reaparece en escena para reorganizar un PJ local al que el kirchnerismo no pudo orientar hacia sus horizontes.
En Santa Fe, el ex gobernador Reutemann vence por escaso margen al candidato socialista del oficialismo, y se perfila como la principal opción renovadora y derechohabiente del peronismo kirchnerizado.
Los posibles rostros del peronismo
Tanto Reutemann como Macri comienzan a acomodarse en la estructura nacional del PJ, tejiendo alianzas para llegar a 2011 con chances reales para ser presidenciables. Lo que separa a uno del otro es que el santafesino, a diferencia del porteño, no renegó nunca del peronismo.
Macri obró estratégicamente: tras rechazar –apadrinado por Puerta– una candidatura por el PJ de Misiones, el empresario se lanzó a la conquista de la Capital, distanciándose del peronismo para obtener el triunfo en un distrito que, a diferencia del resto del país, es inmune (y hasta opositor) a la vieja doctrina del General. Tuvo éxito. El publicista ecuatoriano Jaime Duran Barba, antiguo militante de la Juventud Peronista y actual importador de neoconservadurismo perceptivo para toda Latinoamérica, fue uno de los inventores de la Propuesta Republicana, el famoso “PRO”. Es el PRO de Durán Barba lo que acerca y distancia a Macri del triunfo: por un lado le permite fingir ser una renovación y ganarse una buena parte del electorado anti o circunstancialmente peronista, mientras que por el otro lado causa rechazo en los líderes del Peronismo Federal (que prefieren verlo más como un posible socio que como un próximo jefe) y pierde espacios en el interior.
En Entre Ríos hubo conflicto entre ambos grupos: Maya, el candidato “disidente” (tal y como se vendió) apoyado por Puerta y Romero, quedó bastante más lejos de lo esperado de Saliva, el candidato macrista. Dicha falta de concordancia los dejó muy detrás de kirchneristas y radicales. En Corrientes pasó algo similar: el puertoromerismo apoyó a uno de los Romero Feris, que terminó último, mientras que Macri facilitó el triunfo de uno de los Colombi (no obstante, hay que tener en cuenta que la política correntina es un caso especial, puesto que la hegemonía que ejercen los partidos locales de cuño conservador –y que obliga en ocasiones a extrañas alianzas entre el PJ y la UCR– es algo que no ocurre en otros lugares).
Al igual que los proyectos de Carrió, Macri se adapta como un guante a las necesidades políticas de la principal área metropolitana de la Argentina, pero no logra construir una plataforma nacional y mucho menos extender una red en las provincias. Carrió tuvo que claudicar y fusionar su espacio al del radicalismo, ¿Macri hará lo mismo?
La verdadera tensión se genera en la provincia de Buenos Aires, el distrito de mayor peso electoral. La gobernación de dicho distrito es la máxima aspiración de Francisco de Narváez, dirigente de futura presidencia vedada por la Constitución Nacional. Un hipotético triunfo del colombiano en 2011 dejaría a Macri en el umbral de la presidencia, obligando al Peronismo Federal a disputar provincia a provincia los PJ des-kirchnerizados, dado que es improbable que el PRO pueda montar una estructura federal competitiva.
Ahora bien, de no ganar de Narváez, entonces Reutemann paralizaría a Macri y avanzaría con menos dificultad hacia la presidencia –sólo estaría obligado a enfrentar a los referentes post-kirchneristas. El senador santafesino, además, obtendría mayor aceptación de los PJ en las provincias que el líder del PRO, pues simplemente volcaría a su favor una estructura ya operativa (con sus respectivas y esperadas resistencias), en lugar de tener que montar la propia.
Oposiciones y opciones
Más allá del justicialismo, resulta complicado vislumbrar el alcance y el poder de las demás fuerzas políticas. Es probable que el principal grupo opositor al actual gobierno, el Acuerdo Cívico y Social, tenga sus días contados. Sus pilares se alejan. El Partido Socialista presentó listas separadas en Capital Federal, Río Negro, Mendoza y Entre Ríos (y en Tucumán amenazó con alejarse); la Unión Cívica Radical se negó a sumarse a la alianza en Córdoba, San Luís, Misiones y Tierra del Fuego; y el ARI en Jujuy y en Chubut –sin contar a la díscola estructura partidaria fueguina– tampoco se integró al Acuerdo. En Santiago del Estero directamente no hubo ningún tipo de coincidencia entre las tres fuerzas. Cabe recordar también que a través de este sello político llegaron al Congreso once diputados y una senadora vinculados a la Mesa de Enlace, representantes cuyas lealtades no son tan sencillas de definir.
Es por ello que, pese a lo que Carrió declare, el poder real de su espacio político es limitado e inestable. Es decir, lo más probable es que el Acuerdo Cívico y Social tienda en los próximos meses a desarticularse o, en el mejor de los casos, a implosionar paulatinamente.
Ahora bien, Luís Juez –un ex-peronista– ganó estrechamente en Córdoba, mientras que Julio Cobos –un ex-radical– arrasó en Mendoza. Ambos políticos se presentan algo así como el exceso y la mesura, la honestidad brutal y la moderación pluralista. Sin embargo ninguno de los dos, por más entusiasmo que irradien, puede ganar una elección a nivel nacional sin acercarse a peronistas o radicales. Por lo pronto ningún sector del PJ se mostró interesado en aliarse a ellos, por lo que es presumible que sólo negociando el apoyo de la revivida UCR puedan afrontar una elección mayor en 2011.
Fernando “Pino” Solanas, por otra parte, se posiciona como el canalizador de electores anti-políticos, o mejor dicho, semi-politizados. Ocupa el rol que hace no más de siete años ocupaba Luís Zamora. Será cuestión de que denuncie y defraude para que quede en evidencia su real influencia.
Patricio Coronel
Tras las elecciones, el mapa político del país quedó definitivamente rediseñado. Es difícil consagrar al ganador, pero resulta fácil ver en Kirchner al máximo perdedor –especialmente después de haber convertido a una elección legislativa en un plebiscito. El peronismo, más allá de sus variaciones e innovaciones, continúa siendo el partido dominante, por lo que sus prácticas habituales siguen intactas. Una de ellas es la que sufre Kirchner ahora: intolerancia hacia quien, valiéndose de la estructura del PJ, no pueda obtener la victoria. Considerando que tras la derrota de un candidato peronista emergen decenas de dirigentes ávidos de ocupar su lugar, el victorialismo es una de las banderas más tácitas del justicialismo. Sólo dirigentes como Duhalde (cuya construcción de poder ha sido meticulosa y extensa) han podido evitar darse por vencidos. Kirchner, al menos urgentemente, se ha visto obligado a dar un paso al costado.
Con Kirchner neutralizado, los empresarios de Narváez y Macri capturan los espacios que el oficialismo les deja en la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En Tucumán y Chubut, los kirchneristas Alperovich y Das Neves se imponen –respectivamente– con comodidad, y comienzan a calcular sus oportunidades futuras; en San Juan y Formosa, Gioja e Insfrán repiten el gesto de sus colegas, pero plantean una estrategia más acorde a sus posibilidades. En Chaco, pese a todo el conflicto por el nepotismo, Capitanich triunfa.
Por otro lado, el tercer puesto del candidato avalado por Menem en La Rioja y la prohibición de Patti en Buenos Aires ubican al ex-presidente afuera de toda disputa real de poder, pero no por ello convertido en un cadáver aún.
A su vez el Peronismo Federal de Puerta y Romero, nuevo avatar del menemismo, se posiciona segundo en Misiones y Salta, tercero en Tucumán, y cuarto en Jujuy, La Rioja y Santiago del Estero. En Neuquén no consigue ni un 4% de los votos finales. En Catamarca, oficialmente, recibe menos votos que el Partido Obrero, pero Saadi y Barrionuevo –dos proscriptos del kirchnerismo– suman su apoyo a la nueva y hasta ahora poco exitosa corriente.
Los Rodríguez Saa, por su parte, controlan San Luís sin dificultades. Auspician candidaturas en las vecinas Córdoba, Mendoza y La Pampa, y se animan a dar pelea en la provincia de Buenos Aires y en Capital Federal, pero su actuación en todos los distritos en los que son visitantes es intrascendente.
En Córdoba, el gobernador Schiaretti es incuestionablemente derrotado, y De la Sota reaparece en escena para reorganizar un PJ local al que el kirchnerismo no pudo orientar hacia sus horizontes.
En Santa Fe, el ex gobernador Reutemann vence por escaso margen al candidato socialista del oficialismo, y se perfila como la principal opción renovadora y derechohabiente del peronismo kirchnerizado.
Los posibles rostros del peronismo
Tanto Reutemann como Macri comienzan a acomodarse en la estructura nacional del PJ, tejiendo alianzas para llegar a 2011 con chances reales para ser presidenciables. Lo que separa a uno del otro es que el santafesino, a diferencia del porteño, no renegó nunca del peronismo.
Macri obró estratégicamente: tras rechazar –apadrinado por Puerta– una candidatura por el PJ de Misiones, el empresario se lanzó a la conquista de la Capital, distanciándose del peronismo para obtener el triunfo en un distrito que, a diferencia del resto del país, es inmune (y hasta opositor) a la vieja doctrina del General. Tuvo éxito. El publicista ecuatoriano Jaime Duran Barba, antiguo militante de la Juventud Peronista y actual importador de neoconservadurismo perceptivo para toda Latinoamérica, fue uno de los inventores de la Propuesta Republicana, el famoso “PRO”. Es el PRO de Durán Barba lo que acerca y distancia a Macri del triunfo: por un lado le permite fingir ser una renovación y ganarse una buena parte del electorado anti o circunstancialmente peronista, mientras que por el otro lado causa rechazo en los líderes del Peronismo Federal (que prefieren verlo más como un posible socio que como un próximo jefe) y pierde espacios en el interior.
En Entre Ríos hubo conflicto entre ambos grupos: Maya, el candidato “disidente” (tal y como se vendió) apoyado por Puerta y Romero, quedó bastante más lejos de lo esperado de Saliva, el candidato macrista. Dicha falta de concordancia los dejó muy detrás de kirchneristas y radicales. En Corrientes pasó algo similar: el puertoromerismo apoyó a uno de los Romero Feris, que terminó último, mientras que Macri facilitó el triunfo de uno de los Colombi (no obstante, hay que tener en cuenta que la política correntina es un caso especial, puesto que la hegemonía que ejercen los partidos locales de cuño conservador –y que obliga en ocasiones a extrañas alianzas entre el PJ y la UCR– es algo que no ocurre en otros lugares).
Al igual que los proyectos de Carrió, Macri se adapta como un guante a las necesidades políticas de la principal área metropolitana de la Argentina, pero no logra construir una plataforma nacional y mucho menos extender una red en las provincias. Carrió tuvo que claudicar y fusionar su espacio al del radicalismo, ¿Macri hará lo mismo?
La verdadera tensión se genera en la provincia de Buenos Aires, el distrito de mayor peso electoral. La gobernación de dicho distrito es la máxima aspiración de Francisco de Narváez, dirigente de futura presidencia vedada por la Constitución Nacional. Un hipotético triunfo del colombiano en 2011 dejaría a Macri en el umbral de la presidencia, obligando al Peronismo Federal a disputar provincia a provincia los PJ des-kirchnerizados, dado que es improbable que el PRO pueda montar una estructura federal competitiva.
Ahora bien, de no ganar de Narváez, entonces Reutemann paralizaría a Macri y avanzaría con menos dificultad hacia la presidencia –sólo estaría obligado a enfrentar a los referentes post-kirchneristas. El senador santafesino, además, obtendría mayor aceptación de los PJ en las provincias que el líder del PRO, pues simplemente volcaría a su favor una estructura ya operativa (con sus respectivas y esperadas resistencias), en lugar de tener que montar la propia.
Oposiciones y opciones
Más allá del justicialismo, resulta complicado vislumbrar el alcance y el poder de las demás fuerzas políticas. Es probable que el principal grupo opositor al actual gobierno, el Acuerdo Cívico y Social, tenga sus días contados. Sus pilares se alejan. El Partido Socialista presentó listas separadas en Capital Federal, Río Negro, Mendoza y Entre Ríos (y en Tucumán amenazó con alejarse); la Unión Cívica Radical se negó a sumarse a la alianza en Córdoba, San Luís, Misiones y Tierra del Fuego; y el ARI en Jujuy y en Chubut –sin contar a la díscola estructura partidaria fueguina– tampoco se integró al Acuerdo. En Santiago del Estero directamente no hubo ningún tipo de coincidencia entre las tres fuerzas. Cabe recordar también que a través de este sello político llegaron al Congreso once diputados y una senadora vinculados a la Mesa de Enlace, representantes cuyas lealtades no son tan sencillas de definir.
Es por ello que, pese a lo que Carrió declare, el poder real de su espacio político es limitado e inestable. Es decir, lo más probable es que el Acuerdo Cívico y Social tienda en los próximos meses a desarticularse o, en el mejor de los casos, a implosionar paulatinamente.
Ahora bien, Luís Juez –un ex-peronista– ganó estrechamente en Córdoba, mientras que Julio Cobos –un ex-radical– arrasó en Mendoza. Ambos políticos se presentan algo así como el exceso y la mesura, la honestidad brutal y la moderación pluralista. Sin embargo ninguno de los dos, por más entusiasmo que irradien, puede ganar una elección a nivel nacional sin acercarse a peronistas o radicales. Por lo pronto ningún sector del PJ se mostró interesado en aliarse a ellos, por lo que es presumible que sólo negociando el apoyo de la revivida UCR puedan afrontar una elección mayor en 2011.
Fernando “Pino” Solanas, por otra parte, se posiciona como el canalizador de electores anti-políticos, o mejor dicho, semi-politizados. Ocupa el rol que hace no más de siete años ocupaba Luís Zamora. Será cuestión de que denuncie y defraude para que quede en evidencia su real influencia.
Patricio Coronel

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